Pese a la dificultad que entrañaba el duelo en la cumbre frente a Francia, los nuestros asumieron desde el principio su papel de favoritos. No podía ser de otra manera cuando la columna vertebral del equipo nacional está constituida por unos enormes Pau Gasol y Juan Carlos Navarro, secundados por talentos como Jose Calderón, Rudy Fernández y Marc Gasol, y con un grupo de suplentes de total garantía: Serge Ibaka, Ricky Rubio, Sergio Llull, Felipe Reyes, Fernando San Emeterio, Víctor Sada y Víctor Claver. Varios de ellos serían titulares en muchas selecciones.
Todos los jugadores fueron conscientes de la trascendencia del choque, un partido que, de ganarse, pondría a la selección española en pie de igualdad con equipos elevados al panteón del baloncesto europeo: la Unión Soviética y Yugoslavia, aquellas grandes selecciones condenadas a la desaparición como consecuencia de los avatares del siglo XX.
Tras la victoria, España comparte ahora con soviéticos y balcánicos -y también con Lituania- el honor de figurar entre los únicos combinados nacionales capaces de conquistar el oro continental en al menos dos ocasiones consecutivas. No hubo en la 'Roja' ese miedo a ganar que apareció en la final de 2007, e incluso en la de 2003. Todo lo contrario; los jugadores se convencieron de que eran el mejor equipo del torneo y se aplicaron en demostrarlo. Lo mismo que sucedió en el Mundial 2006, aquel primer oro que tanto tiempo tardó en llegar al palmarés de España, y en el Eurobasket 2009.
La intensidad con la que los Navarro -merecido MVP-, Gasol y compañía afrontaron la final se mantuvo durante los 40 minutos, algo esencial en cualquier partido de esas dimensiones y que les permitió aplastar cualquier amago de remontada francesa, que los hubo, y varios.
Quedarán para la memoria varias jugadas espectaculares (mates, alley-oops, contraataques...) pero esta combinación entre la 'Bomba', Marc y Pau es, en mi opinión, la que mejor resume el dominio de la selección española:
Pese a la victoria, no puedo evitar un regusto amargo por las otras ocasiones que el equipo español ha dejado escapar a lo largo de su historia reciente. Lo expliqué en un post anterior, en el que lamentaba sobre todo el 'maracanazo' que supuso perder en casa la final del Eurobasket 2007 frente a Rusia. Pero este no debe ser un momento de reproches, sino de disfrutar del éxito de los nuestros y confiar en que la dinámica ganadora continúe en los Juegos Olímpicos del año próximo. Que el ciclo continúe.
Como despedida, me cuenta un amigo que los jugadores solían escuchar esta canción para ponerse las pilas antes de cada partido:
Cambiando la palabra "chipirón" por "Felipón", los compañeros animaban a Felipe Reyes, que pocos días antes de volar a Lituania había perdido a su padre. Las canciones parecen ser un elemento unificador en la selección española. ¿Recuerdan el momento de 'Hombre despechado'?
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