"El primer objetivo es la plaza para los Juegos". Son las palabras de José Luis Sáez, presidente de la Federación Española de Baloncesto, respecto a las aspiraciones de la selección en el Eurobasket 2011. Es decir, que el equipo nacional, una vez clasificado para la final del torneo, ya ha cumplido su misión. Por lo visto, ganar el oro europeo es un aspecto secundario. Un medio para un fin, no un fin en sí mismo.
Sin entrar a analizar el sistema de clasificación para los Juegos Olímpicos de Londres 2012 -algo que merece un post aparte-, el presidente de la federación y todo aquel que se conforme con haber llegado a la final de este Europeo cometen un grave error. La selección española tiene esta noche dos obligaciones: la primera, ganar el partido a Francia y demostrar que cuenta con una mejor plantilla que los 'bleus'; la segunda, defender el oro continental conquistado en 2009. La clasificación para los JJOO, por lo tanto, es un hecho que se deriva de esas dos obligaciones y nunca el primer objetivo. Al menos, con esa mentalidad debe acudir a la final un equipo con el potencial de España.
Querer ganar el oro no significa en modo alguno menospreciar al rival. Simplemente es afrontar la final con la mentalidad adecuada, y no pensar en ningún momento que el objetivo se ha cumplido con el mero hecho de figurar entre los dos mejores. Las platas no saben a oro.
En estos últimos días he escuchado en los medios de comunicación declaraciones de tono claramente derrotista como "la selección española volverá como mínimo con la medalla de plata", "se asegura la plata"... ¿Por qué no decir: "la selección española luchará por el oro"? ¿Es algo arrogante? ¿Es una falta de respeto a los franceses? No. En mi opinión, decir que la selección se asegura la plata es tan dañino como afirmar que se ganará el oro de calle. Ni tanto ni tan poco. Luchar por el oro es una obligación de ambos finalistas. Nada más.
Recuerdo un anuncio publicitario muy difundido mientras se disputaba en nuestro país el Eurobasket 2007. Su eslogan rezaba: "Ser español no es una excusa; es una responsabilidad". Lamentablemente, en la final del torneo la actitud de los jugadores españoles pudo ser cualquier cosa menos responsable.
Ese aciago recuerdo debe ser borrado de las mentes de nuestros jugadores esta noche. La mejor manera de hacerlo es intentar emular lo ocurrido en la final de 2009: máxima concentración durante los 40 minutos del choque y firme confianza en sus propias posibilidades.
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