sábado, 10 de septiembre de 2011

Lo que la selección española pudo ganar y no ganó

Cuenta una crónica recientemente publicada en 'El País' que el gran Dejan Bodiroga torció el gesto cuando se le preguntó por una posible equiparación entre los logros de la presente generación del baloncesto español y los éxitos de la Yugoslavia de los 90. "Nuestra selección ganó dos Mundiales, tres europeos y una plata olímpica", replicó el legendario ex baloncestista serbio, dejando claro que no ve comparación posible entre el equipo con el que tantos laureles cosechó y la España de la 'era Gasol'.








Aunque a los españoles pueda costarnos reconocerlo, Bodiroga dice una verdad como un templo. Nuestro equipo nacional de baloncesto ha ganado a lo largo de toda su historia sólo dos oros: el del Mundial 2006 y el del Eurobasket 2009. En cambio, la selección yugoslava -mejor llamarla Serbia+Montenegro, con una clara preponderancia de la primera- en la que Bodiroga coincidió con otros extraordinarios jugadores como Djordjevic, Divac, Danilovic, Stojakovic o Rebraca ganó los Europeos de 1995, 1997 y 2001 y los Mundiales de 1998 y 2002. Efectivamente, no hay comparación posible.

Aquí tenemos una de aquellas grandes noches de baloncesto:





Si contamos las platas y los bronces, no se puede negar que nuestro país ha obtenido unas cuantas medallas. Sin embargo, lo que hace grande a un equipo no es quedar segundo o tercero cuando se posee el potencial suficiente para quedar primero. Ahí radica la diferencia entre la Yugoslavia de Bodiroga y compañía y la España de los 'júniors de oro': la sed insaciable de victoria.

Muchos afirman que la generación formada por Pau Gasol, Juan Carlos Navarro, José Manuel Calderón o Felipe Reyes, a la que pertenecieron otros jugadores ya retirados de la selección como Carlos Jiménez y Jorge Garbajosa, y a la cual se han ido sumando otros jóvenes talentos como Rudy Fernández, Marc Gasol y Ricky Rubio ha sido y sigue siendo la mejor en la historia del baloncesto español. Yo opino lo mismo; o al menos, si no ha sido la mejor de nuestra historia, sí es cierto que los jugadores mencionados formaban sobre el papel el equipo más fuerte del panorama europeo en la época que les ha tocado afrontar.

Este equipo ha sido incluso capaz de tutear a las estrellas norteamericanas de la NBA, que necesitaron de las escandalosas ayudas de los árbitros para derrotar a los españoles en la final de Pekín 2008. Dada la calidad de la selección, dos oros en 10 años me saben a poco, porque estoy convencido de que en varias ocasiones se pudo hacer más de lo que se hizo y sospecho que el conformismo y la falta de mentalidad ganadora calaron hondo entre los jugadores y gran parte de la afición.

La vez que más me preocupó ese presunto conformismo fue en 2007, cuando se perdió en casa la final del Eurobasket contra Rusia. No nos engañemos: aquel equipo ruso merecía respeto, pero no era un rival tan complicado como para arrebatar el oro a una España que justo un año antes había arrasado en el Mundial de Japón. El peor enemigo de la selección aquella noche fue ella misma y las estadísticas lo dicen muy claro: 17 de 59 en tiros de campo, con 7 de 35 en tiros de dos y bajísimos porcentajes en tiros libres y de tres. La selección cometió el mismo error que en otros campeonatos: recurrir en exceso al tiro exterior cuando el rival plantea una defensa férrea. Por ése y no por otro motivo se dejó escapar el oro.









 
Tras aquella amarga derrota, la sensación de un equipo con mentalidad ganadora no podría ser otra que la del fracaso. Sin embargo, pocos días después advertí en los jugadores ese conformismo injustificable. Fue Calderón quien lo dio a entender cuando aseguró en una entrevista que la plata era algo "muy grande" y que a medida que transcurrían los días le parecía "más brillante, un poco más como oro". No imagino a Bodiroga ni a ninguno de sus compañeros yugoslavos haciendo unas declaraciones como esas tras perder una final. Ellos tenían una idea muy clara: sabían que eran los mejores y se aplicaban en demostrarlo. Los españoles, por el contrario, rara vez han sido capaces de asumir esa responsabilidad.

En mi opinión, en todos estos años los nuestros sólo han dado la talla, por orden cronológico, en el Eurobasket 2001 -un meritorio bronce que sirvió de bautismo de fuego para los 'júniors de oro' cuando Yugoslavia todavía dominaba el panorama europeo-; el Mundial 2006 -la victoria sobre Grecia en la final fue la prueba de que la selección española puede ser imparable-; los Juegos Olímpicos de 2008 -sólo un nefasto arbitraje en la final separó a los 'Golden Boys' del oro-; y el Eurobasket 2009, en el que, tras un pésimo comienzo, los españoles se convencieron de que eran superiores a sus rivales y arrasaron a todos ellos, como recuerda Rudy Fernández en esta entrevista.

Podría añadirse a esta lista el digno papel de la selección en los Juegos de Atenas 2004, cuando fue derrotada por EEUU en un partido de cuartos de final pitado con reglas NBA -lo mismo que sucedería cuatro años después en Pekín-. En cuanto a las demás competiciones disputadas en la 'era de los júniors de oro', en todas ellas se pudo haber llegado más lejos o, al menos, mostrar una mejor actitud. Aparte del fiasco de 2007, estas fueron, con nombres y apellidos, las otras ocasiones en las que se dejó escapar el tren del éxito:




  • Mundial 2002. Celebrado en Indianápolis, EEUU, la selección completó una excelente primera ronda, derrotando incluso a la Yugoslavia de Bodiroga, Stojakovic y Divac, un equipazo al que hacía muchos años que no se ganaba en una fase final, concretamente desde las semifinales de Los Ángeles 84 (estadísticas históricas de la selección, aquí). Al llegar la hora de la verdad, el cruce de cuartos de final, los nervios y los temores pasaron factura. Mal partido ante la Alemania de Nowitzki, rival que, exceptuado el ala-pivot de los Dallas Mavericks, contaba con una plantilla muy inferior en calidad a la española. Sin embargo, los Gasol, Navarro, Garbajosa, Jiménez, Alfonso Reyes y compañía mostraron su peor cara y no supieron como desmantelar la defensa germana. Este hecho, combinado con el desacierto en el tiro exterior (18 de 59 en tiros de campo), resultó letal para la 'Roja', que cayó por 70-62. Puede que España no estuviera aún preparada para ganar el oro, pero sí tenía el potencial suficiente para al menos luchar por el bronce. Sin embargo, los medios españoles prefirieron catalogar como un éxito el quinto puesto obtenido frente al equipo local, cuya máxima estrella era Reggie Miller. Conformismo en estado puro.



  • Eurobasket 2003. España llega a la final tras haber derrotado en primera fase a Rusia y a Serbia-Montenegro y en semifinales a Italia en un épico partido. La final contra Lituania, sin embargo, fue un monólogo del conjunto báltico, que llegó a disfrutar de ventajas de 20 puntos (68-48, minuto 34). Al final, el resultado de 93-84 deja a España con la plata y la prensa ya reconoce que sabe a poco, como afirmó esta crónica de 'El Mundo': "Al combinado de Moncho López le faltó convicción y mentalidad ganadora". Vuelta a las andadas.



  • Eurobasket 2005. Con la ausencia de Pau Gasol -quien optó por no forzar tras haber sufrido una grave lesión en la temporada NBA-, pero con un equipo de garantías, en el que destacaban Calderón, Navarro, Rudy, Jiménez, Felipe Reyes y Garbajosa, se necesitó de una prórroga para superar en el cruce de cuartos a una débil Croacia y se perdieron los papeles en la semifinal contra Alemania. Mal partido de ambos equipos: los teutones, 28 de 61 en tiros de campo; los españoles, peor aún (24 de 61), con un catastrófico 2 de 19 en triples. La historia de siempre: sin ideas, sin explotar el juego interior y encomendando todo a la fortuna en el tiro de tres. Aun así, se llegó a los últimos segundos con ventaja, pero Nowitzki se encargó de dar la puntilla. Una vez más, el oro se alejaba, pero lo más grave es que el equipo ni siquiera se dignó a disputar el bronce (derrota por 98-68 ante Francia).





  • Mundobasket 2010. Una primera fase jugada a medio gas, en la que se regaló la victoria en el último cuarto a Lituania y con ello la primera plaza del grupo, propició unos cruces complicadísimos, frente a Grecia en octavos de final -mientras a Lituania le tocaba una de las cenicientas, China- y Serbia en cuartos. El triple in extremis de Teodosic dejaba a los nuestros fuera de las medallas. Partido disputado, pero con una España siempre a remolque, continuamente obligada a remontar las ventajas que tomaban los balcánicos. Las ausencias de Pau Gasol y Jose Calderón no deben servir de excusa: había equipo suficiente para llegar lejos; lo que le faltaba a ese equipo era el convencimiento de ello.







Hoy, 16 de septiembre de 2011, la ÑBA tiene en sus manos no añadir otro partido a esta lista aciaga.

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